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Varón y mujer tienen diversos modos de vivir su idéntica dignidad personal y ritmos diferentes de maduración personal y aprendizaje. Formar de acuerdo a la propia identidad, es un bien para la persona y la sociedad. Hombre y mujer poseen cualidades antropológicas y psicológicas propias llamadas a complementarse.
De este modo, la sociedad se enriquece con las aportaciones del varón y de la mujer. La educación diferenciada no niega, ni impide la convivencia social entre hombres y mujeres, solamente propone que el desarrollo intelectual se potencia cuando éstos se encuentran en aulas separadas permitiéndonos atender, en nuestro caso a la mujer, según sus características psicológicas y neurológicas únicas en ella.
 

 







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